Cultura,  Entrevista,  Flora,  Geología,  Montaña,  Naturaleza

“Circular entre Rocas, Pervivir como Geófitas”: Un proyecto de Esculturas Vivientes, Memoria y Resiliencia de Montaña.

En lo alto de la cordillera, donde el viento susurra historias de tiempos pasados y las montañas guardan las cicatrices de la historia, un proyecto artístico busca resignificar la relación entre el arte, la naturaleza explotada y la memoria. Rosario Oyanedel, artista visual y educadora, ha llevado a cabo la intervención “Circular entre Rocas, pervivir como geófitas” proyecto FONDART, que dialoga con el territorio y su historia minera en el Cajón del Maipo.

Por Benjamín Bustos G.

Un gesto de reparación simbólica

El proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, ámbito nacional de financiamiento, Convocatoria 2023, se materializa en dos instalaciones circulares de piedra y vegetación nativa, emplazadas en puntos estratégicos de la comuna: una en la ex mina La Carlota, parte del antiguo complejo minero San Pedro de Nolasco, y otra en terrenos de la junta de vecinos del pueblo El Ingenio. Ambas obras, concebidas como «esculturas vivientes», se sustentan en la idea de sanar simbólicamente las heridas dejadas por siglos de explotación minera y extractivismo en el territorio. La obra de Oyanedel, realizada en colaboración con Carlos Salas, Waldo Mora, Pablo Figeroa y Fernando Montenegro, tendrá su inauguración el próximo sábado 15 de marzo a las 17.00 horas en la Sala Mirador de la junta de vecinos El Ingenio, calle los Boldos #0342 .

Las rocas utilizadas provienen de los desechos mineros, aquellas que no poseían valor comercial y fueron abandonadas. Al reorganizarlas en un círculo, se les otorga un nuevo significado, evocando el ciclo regenerativo de la naturaleza. Junto a ellas, se han plantado geófitas nativas, especies vegetales que, gracias a su capacidad de resistencia, pueden sobrevivir largos períodos de sequía bajo tierra y renacer cuando las condiciones lo permiten.

Waldo Mora, Rosario Oyanedel, Carlos Salas.

La obra de Oyanedel no solo pone en valor la resiliencia del ecosistema cordillerano, sino que también nos invita a reflexionar sobre la memoria histórica y las marcas que la actividad minera ha dejado en la comunidad. San Pedro de Nolasco, conocido en la colonia como «El Potosí de Chile», fue testigo de la explotación de minerales preciosos y del sometimiento de pueblos originarios, afrodescendientes y trabajadores que sufrieron condiciones extremas en los campamentos mineros.

Hoy, la minería ya no es el eje central de esta zona del Cajón del Maipo, pero sus huellas persisten. La intervención artística busca resignificar esos espacios, promoviendo el encuentro y el diálogo entre los habitantes del territorio. «El proyecto asume la condición catastrófica del Antropoceno y realiza un llamado a mirar la crisis y sostener el encuentro con ella», explica Oyanedel.

En el proyecto se entrelazan saberes fundamentales que enriquecen la propuesta, así don Fernando, “el Charo”, arriero baqueano, no es solo un guía que conduce al equipo a la alejada mina La Carlota, por lugares remotos de la cordillera, sino también un custodio de la memoria ancestral y del territorio. Su conocimiento de las rutas, de las particularidades de la geografía y de las plantas propias del Cajón del Maipo resulta vital para localizar y comprender los espacios que la obra busca resignificar. Además, su papel es simbólico: encarna la tradición, la experiencia transmitida de generación en generación y la conexión viva con una forma de vida que reconoce y respeta los ritmos naturales de la montaña.


Por otro lado, Carlos Salas aporta un enfoque científico y ecológico esencial para la regeneración del paisaje. Con su formación en ciencias biológicas y su experiencia en diseño de paisaje, además de su labor en el Vivero del Maipo, Salas se encarga de identificar y seleccionar la flora nativa adecuada para las intervenciones. Su conocimiento de la ecología local permite definir las condiciones óptimas para que las geófitas, especies emblemáticas del territorio, puedan reactivar su ciclo vital. De este modo, su aporte asegura que la intervención no solo sea simbólica, sino que también genere un impacto real en la recuperación ambiental, articulando la dimensión estética con la ecológica.

Escultura Viviente.

El rol de la comunidad y el arte

Uno de los aspectos más significativos de Circular entre Rocas, Pervivir como Geófitas es su carácter colectivo. La obra no se limita a la instalación física, sino que también busca activar la junta de vecinos y generar conversaciones sobre la historia y el futuro del Cajón del Maipo. El proceso de creación involucró a diversos actores locales, desde arrieros que guiaron el recorrido hacia la mina, hasta viveristas que colaboraron en la selección y plantación de especies nativas.

El diálogo entre las piedras y las geófitas representa un acto de resistencia ante la devastación ambiental y el olvido. Así como las plantas sobreviven enterradas a la espera de condiciones favorables, las comunidades pueden encontrar en su historia y en su entorno natural las claves para imaginar un futuro más sustentable y arraigado a la tierra.

En un mundo acelerado, donde la naturaleza es vista muchas veces como un recurso a explotar, Resistir como Geófita o Roca de Montaña nos recuerda la importancia de la contemplación, del respeto por los ritmos naturales y de la necesidad de reconstruir nuestra relación con el entorno. Un llamado a habitar el territorio desde la memoria y la resistencia, como lo han hecho por siglos las montañas del Cajón del Maipo.

Facebook Comments
error: Contenido protegido - Revista Cajón del Maipo Marca Registrada