Ecología

Instalan en el Cajón del Maipo la estación meteorológica más alta de la Cordillera de los Andes

Bajo la cumbre del volcán Tupungato, a 6.505 metros sobre el nivel del mar, en medio de una verdadera hazaña científico-deportiva, un equipo de 21 personas integrado por montañistas, expertos de la Dirección General de Aguas, investigadores norteamericanos, guías locales del Cajón del Maipo, arrieros, dos pilotos de helicóptero y un fotógrafo, protagonizó una expedición histórica que permitirá medir los efectos del cambio climático en la alta montaña de la Región Metropolitana. Desde que entró en operaciones, la estación ya ha logrado registrar rachas de viento de más de 180 kilómetros por hora y temperaturas de -35° C (el 28 de mayo último).

Texto: Héctor Rojas Marchini. / Fotografía: Armando Vega/ National Geographic

Fotografía: Armando Vega/National Geographic.

En febrero de este año, gracias a una alianza estratégica entre la Dirección General de Aguas y National Geographic Society, un equipo de montañistas, investigadores chilenos y norteamericanos, guías locales de montaña, arrieros y hasta dos pilotos de helicóptero logró una verdadera hazaña científico-deportiva: la instalación de la estación meteorológica más alta de la Cordillera de los Andes (y del hemisferio sur y occidental) bajo la cumbre del volcán Tupungato (6.505 msnm), en el Cajón del Maipo. Fue una travesía de unas dos semanas, en medio de uno de los ambientes más hostiles del planeta para el ser humano.

El objetivo: recoger datos que permitan a nuestro país analizar los efectos del cambio climático que ha provocado una mega sequía que no ha dado tregua durante los últimos 11 años.

Revista Cajón del Maipo contactó al líder de esta expedición, el experimentado montañista y jefe de la Unidad de Glaciología y Nieves de la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas, Gino Casassa, quien contó detalles de la operación y explicó cuál es la razón de instalar una estación a tanta altitud.

Fotografía: Armando Vega/National Geographic.

¿Cuál es la motivación de instalar la estación meteorológica más alta del hemisferio sur y occidental justo bajo la cumbre del volcán Tupungato?

Las estaciones habituales que tiene la Dirección General de Aguas (DGA), la Dirección Meteorológica de Chile, el Ministerio de Agricultura, empresas de agua potable y otras organizaciones, se encuentran en el valle, por lo que se desconocen en gran medida las condiciones glaciometeorológicas en la alta cordillera.

¿De qué forma sus datos permitirán medir los efectos del calentamiento global?

La estación Volcán Tupungato (6.505 msnm), y las estaciones Glaciar Tupungatito Alto (5.580 msnm) y Glaciar Tupungatito Bajo (4.450 msnm), cuentan con sensores de temperatura del aire, humedad relativa del aire, temperatura del suelo, radiación de onda corta y larga, altura de nieve, intensidad y dirección de viento. Se sabe que en la alta cordillera los efectos del calentamiento global son más exacerbados, producto principalmente del efecto albedo (el albedo es el porcentaje de radiación que cualquier superficie refleja respecto de la radiación que incide sobre ella) o reflectividad de la nieve y hielo. En efecto, al derretirse la nieve y/o hielo, queda roca o suelo al descubierto, que absorbe mucha más radiación solar, y que por lo tanto resulta en un calentamiento local aún mayor.

Bárbara Donoso

¿Cómo se logra esta alianza entre la Dirección General de Aguas y National Geographic?

Un colega y cercano amigo hizo el contacto, Paul Mayewski, Director del Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine, EE.UU. Paul fue líder de la expedición científica 2019 al Everest, de National Geographic Society y Rolex «Perpetual Planet Everest Expedition», en que instalaron la estación meteorológica más alta del mundo, a cota 8.430 msnm, bajo la cumbre del Everest.

¿Quiénes participaron de la expedición?

Éramos 21 personas divididas en 5 grupos, que colaboramos estrechamente: National Geographic Society: Baker Perry (climatólogo de la Universidad Appalachian State, EEUU); Dirk Collins y Brittany Mumma (EEUU, filmación); Armando Vega (México, fotografía); los arrieros de Los Maitenes y Alfalfal: Marcelino Ortega, Ismael Ortega, Fernando Ortega y Plácido Astorga ; guías de montaña de la empresa Asesores Andinos Bárbara Donoso, Rodney González, Juan Guarda, Manuel Mira, Adolfo D’Orto y Hernán Puga; profesionales de la DGA Alejandra Espinoza, Franco Buglio, Diego González y Gino Casassa (yo) de la Unidad de Glaciología y Nieves; Fernando Urbina, de la División de Hidrología; y los helicopteristas de empresa Ecocopter, pilotos Claudio Avendaño y Francisco Díaz.

¿Qué resultados arrojan las primeras lecturas de la estación meteorológica?

La estación Volcán Tupungato, establecida bajo la cumbre norte, a cota 6.505 msnm, ha medido una racha máxima de viento de 186 km/h (el 28 mayo pasado), con una temperatura del aire mínima de -35 grados C en lo que va registrado en el invierno.

¿Por qué es importante instalar una estación a tanta altitud?

Existe una carencia de estaciones y de datos en el sector alto de la cuenca, básicamente es un mapa en blanco en lo que respecta a las condiciones glaciometeorológicas, más aún si consideramos que este sector tiene una función crítica como proveedor de recursos hídricos a la cuenca media y baja. Por ejemplo, no sabemos el rol de la sublimación en la pérdida de hielo y nieve (vale decir cuánto no se derrite, sino que se transfiere directo a la atmósfera como vapor de agua), ni tampoco el rol de la redistribución de nieve por el viento.

Fotografía: Armando Vega/National Geographic.

¿Qué significó trabajar a esa altitud?

Esta respuesta se la dejo a Alejandra Espinoza: “La instalación de la estación meteorológica bajo la cumbre del Volcán Tupungato (6.505 msnm) significó una coordinación completa del equipo humano que ahí estuvo. Ensayamos en varias oportunidades cómo instalar la estación y a la vez nos planteamos cómo actuar frente a distintos escenarios. Por ejemplo, de qué manera fijar la estación en el caso de no existir afloramientos rocosos. A 6.505 msnm, donde el cuerpo está entumecido, existe agotamiento físico, mientras que la falta de oxígeno a consecuencia de la altura no permite que te muevas con gran agilidad, esas prácticas resultaron muy provechosas, ya que sabíamos perfectamente cómo abordar el panorama y finalmente lograr instalar exitosamente la estación.

¿Es efectivo que en verano 2 de cada 3 vasos de agua que se toman en Santiago son de origen glaciar?

Efectivamente, al final del verano, en un año extremadamente seco como lo fueron 1968 y 2019, dos tercios del agua del río Maipo en El Manzano proviene del derretimiento glaciar. En total, el río Maipo provee un 70% del agua potable de Santiago y un 90% de los requerimientos de agua para riego.

¿Qué es una torre de agua y por qué es importante protegerlas?

Las cordilleras constituyen verdaderas «torres» proveedoras de agua para los valles ubicados aguas abajo, tanto por los recursos hídricos que representan los glaciares, el manto nival, las lagunas cordilleranas, los humedales y las aguas subterráneas de montaña. Los Andes no son una excepción, particularmente en la zona central de Chile, que se ha visto afectada por una megasequía que ya lleva 11 años.

¿Estás de acuerdo en que los valles de los ríos Olivares y Colorado sean declarados Parque Nacional? ¿Por qué?

Sí, absolutamente de acuerdo con esta crucial iniciativa de declarar el Parque Nacional Olivares y Colorado, que incluye los principales glaciares de la Región Metropolitana. De hecho, ya firmé «Queremos Parque» hace más de un año.

Los guías locales de montaña y arrieros que hicieron posible la operación

Experimentados guías locales del Cajón del Maipo y un grupo de expertos arrieros conocedores de los secretos y peligros de la alta montaña. Éstas fueron las personas que hicieron posible la expedición, en la que se logró instalar la estación meteorológica más alta del hemisferio sur bajo la cumbre el Tupungato, cuyo acceso por el lado chileno se encuentra enclavado en el terreno de 142 mil hectáreas de propiedad de Bienes Nacionales, en la cual la campaña ciudadana #QueremosParque busca impulsar la creación de un gran Parque Nacional.

Uno de los experimentados guías que participó de la expedición fue Rodney González (puya.cl), quien relató a Revista Cajón del Maipo que “la empresa que se adjudicó el proyecto fue Asesores Andinos», les apoyamos junto a Carolina Valdés quién se quedó en Santiago junto a Juan Guarda realizando compras, empacando y enviando suministros. Dentro del grupo había que coordinar y atender a distintos subgrupos, arrieros, la gente de Natgeo, los guías, la gente de la DGA. La alimentación la lideró Bárbara Donoso, quien sacó aplausos.

La logística incluyó la alimentación de 21 personas

¿Cómo fue tu experiencia de ser parte de esta expedición que logró instalar la estación meteorológica más alta de Los Andes?

Como te comentaba, en esta expedición participamos con Carolina Valdés, que somos puya.cl. La licitó un colega que finalmente se quedó abajo y yo tuve que encargarme de gran parte de la logística en terreno. Carolina se encargó de la logística antes de salir y cuando llegamos. Fue una expedición deportivo-científica, porque los científicos deben ser grandes deportistas para poder realizar esta tarea. Fue una gran experiencia como empresa. Es una de las expediciones más grandes que he tenido que manejar. Más de 20 personas, personas que subían, otras que bajaban. Además, los constantes cambios de planes. Había que adaptarse.

¿Qué fue lo más complejo que les tocó afrontar?

Para nosotros siempre fue una interrogante el saber si íbamos a contar o no con helicóptero. Teníamos que estar preparados para subir la estación nosotros mismos. En un momento no era sólo la estación, sino mucho más equipo y tampoco era el peso que pensábamos, así que el poder contar con un helicóptero fue fundamental.

Otra de las personas que jugó un rol clave que permitió el éxito de la expedición fue la experimentada deportista Bárbara Donoso, guía de montaña de la asociación de Guías Locales del Cajón del Maipo, operadora logística y encargada de alimentación del numeroso grupo de personas que participó de la operación.

¿Cómo se organizó la logística de la expedición en lo que te tocó hacerte cargo?

Fue bastante complicado. Antes de empezar la expedición, con las compras y toda la alimentación y el armado de los campamentos que se instalaban a distintas altitudes del Tupungato. Era muy complejo, porque era mucho peso y mucha gente que había que alimentar. Había que armar todo antes de que llegaran las personas. Era una logística muy compleja y de día a día.

¿Cómo fue experiencia de formar parte de esta expedición?

Mi experiencia fue súper enriquecedora. Tenía que ser súper minuciosa. El hecho de mover una logística de montaña a caballo, en helicóptero y caminando, con esa cantidad de personas, fue un gran aprendizaje. Fue además muy complejo porque éramos un grupo humano muy diverso. Había arrieros, científicos, investigadores extranjeros, guías de montaña, etc. Poder coordinar a todas estas personas tras un mismo objetivo fue un desafío súper grande. Además, para el tema de la cocina fue bien complejo, porque tenía que alimentar a personas vegetarianas, no vegetarianas, a los arrieros que eran bien complicados con la comida, que querían tener siempre un cierto tipo de alimentación. Había que cocinar por separado para diferentes gustos y personas. Siempre estábamos contra el tiempo. Yo me levantaba a las 06 de la mañana y me acostaba a las 12 de la noche. No paraba, era una cosa de non stop. En comparación a otros desafíos que he tenido en montaña, en cuanto a logística y alimentación, esta es la expedición que me ha puesto más a prueba. Por la cantidad de personas que tuve que alimentar. Éramos muy pocas personas las que nos movíamos en la cocina. Había que ir a buscar agua constantemente. El tema del agua también fue súper complejo, porque no había nieve para derretir y todos los cauces de agua venían súper turbios. Había que esperar una cierta hora del día para tratar de sacar la mayor cantidad de agua posible. La mayor parte del tiempo tomamos agua que no estaba totalmente transparente. Además, había que cargar muchísimos litros, porque era mucha gente y todos ocupados en sus propios temas. Tenía que ofrecer el desayuno, el almuerzo y la cena. En la cocina no había mucha ayuda.

¿Cuál fue el momento más complejo?

Cuando nos dimos cuenta de que las mulas no iban a llegar a la altura en que nosotros teníamos pensado poner el campamento más alto, que era a casi 5.800 metros de altura. De hecho, las mulas nos hicieron un porteo a 5.200 metros, que fue lo más arriba que pudieron llegar. Cuando regresaron los arrieros nos dijeron que no iban a volver a subir y nos faltaba mucho material por subir en campamentos más abajo. Entonces se puso todo muy complejo, porque eran muchísimos kilos que había que subir. Unos 200 ó 300 kilos, sumando la estación que eran como 100 kilos en total. Estábamos muy complicados, porque teníamos una ventana de buen tiempo para poder cumplir la misión, pero no nos daba considerando el equipo humano con el que contábamos para poder portear el material hasta la altura necesaria. Al no tener disponibles las mulas, con las personas que éramos, no íbamos a poder cargar todo.

¿Cómo se resolvió la situación?

Por fin vimos luces cuando Gino Casassa, de la DGA, logró que un helicóptero subiera hasta esa altura, lo que es bastante atípico en Chile. En general los helicópteros no llegan más arriba de los 5.000 metros y un piloto, bastante particular, tuvo la osadía de ofrecerse para llegar casi a la cumbre del Tupungato con la estación. Es prácticamente un hito en Chile, que un helicóptero alcance esa altura. Eso nos dio un respiro y desplegamos toda una logística para que la nave llegara con todo el equipo a los campamentos más altos y con la estación meteorológica casi en la cumbre del volcán Tupungato.

¿Qué fue lo más enriquecedor para ti?

Fue súper interesante poder conocer a científicos, a profesionales de la DGA, y, sobretodo, aprender sobre la estación meteorológica porque personalmente me atrae mucho la meteorología. Hice un curso de pronósticos de clima invernal. Además, me interesan las ciencias de la naturaleza, entonces, aparte de estar haciendo mi trabajo, siempre estaba preguntando y aprendiendo de todo lo que implicaba la expedición. Fue interesante, además, que en el grupo de 21 personas solo éramos tres mujeres. Trabajamos en condiciones de igualdad. Fue importante, porque hubo un respeto común y trato igualitario. Fue interesante desde un enfoque de género. Fue muy importante también compartir con los arrieros, porque vivimos la montaña a tope. Nos contaban siempre sus experiencias. Tomábamos tecito en el choquero con ellos en la mañana con el fuego, porque siempre se las ingeniaban para prender fuego. El té de la mañana no lo conciben si no viene del calor de la hoguera.

¿Cómo te sentiste al concluir la expedición?

Muy emocionada, porque logramos poner la estación. Y digo logramos porque me siento totalmente parte de esto.

Fotografía: Armando Vega/National Geographic..

Arrieros

Ismael Ortega, experimentado arriero y porteador del Cajón del Maipo, específicamente del sector de Maitenes, conoce la zona como la palma de su mano curtida por el frío y el aire seco de la montaña. Junto a otros integrantes de su familia, estuvo a cargo de los caballos y las mulas que debían subir el equipo a alturas por sobre los 5.000 metros.

Ismael Ortega y Bárbara Donoso

Hombre de sonrisa fácil y respuesta rápida, accedió a conversar brevemente con Revista Cajón del Maipo en un banco de la plaza de San José de Maipo, mientras observa atentamente a un grupo de funcionarias de la salud que toman muestras de PCR a pocos metros. “Con esto de la pandemia el trabajo ha estado difícil, pero le echamos pa delante”, comenta.

¿Qué significó para usted ser parte de esta expedición?

Fue una tremenda experiencia, fue una hazaña muy grande, porque es el volcán más alto de la zona. Me siento orgulloso de haber sido parte. Ya habíamos trabajado con don Gino Casassa años atrás en otra expedición al glaciar del Tupungatito, a 5.700 metros con las mulas. Creo que por eso nos llamó. Porque tenemos la experiencia de llegar a esas grandes altitudes.

En esta ocasión no pudieron llegar tan arriba con el equipo. ¿Qué pasó?

Llegamos a 5.500 metros con las mulas. Había demasiada nieve. Hace poco habían ocurrido los temporales de verano. Alcanzamos a llegar con unas pocas cargas a 5.500 metros y hasta el campamento de penitentes, a 4.500 con las mulas.

¿Cuánto peso calcula usted que subieron entre la estación y el equipo, alimentos, etc.?

Llevábamos 18 mulas cargadas, con unos 80 kilos por mula. Era más de una tonelada. Esto solo puede hacer gente experimentada. Fuimos con mi hermano Marcelino, mi sobrino Fernando y otro amigo que fue muy útil. Ya estamos acostumbrado a estos desafíos.

¿En qué consiste su trabajo?

Me dedico al turismo, a portear carga para montañistas hasta distintos cerros que tenemos en San José de Maipo. Más que nada al Tupungato, Tupungatito, el Pirámide, el Trono, el Sierra Bella y una infinidad de cerros que tenemos en el río Colorado. También porteamos carga hacia el cerro El Plomo y hacia Piuquenes, volcán San José, el Marmolejo.

¿Cuál es la máxima altura que ha alcanzado con sus animales?

A 5.700 metros. Pero ahora tenemos un desafío con mi hermano. Queremos tratar de llegar a la canaleta del volcán Tupungato a 5.800 metros. Es nuestro próximo desafío.

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