Comunidad,  Ecología

Daniela Fernández, Guardiana de El Canelo

“Toda esta fuerza me nació desde el útero, no iba a dejar que el fuego entrara ni a mi casa ni a mi bosque”

Daniela Fernández Astudillo, 34 años, actriz, madre, guía de escalada, profesora de expresión corporal en un centro de estimulación motriz y vecina del Cajón del Maipo. Pero un estallido –esta vez de la naturaleza- la llevó a convertirse en algo más.

Texto y fotos: Héctor Rojas Marchini

A mediados de diciembre pasado un incendio incontrolable se declaró en los terrenos de Sureste, centro de actividades outdoor ubicado en la localidad de El Canelo. Rápidamente se propagó a los bosques de la comunidad ecológica El Canelo Alto, el hogar de Daniela y su familia, arrasando cerca de mil hectáreas de bosque esclerófilo durante una semana infernal.

Daniela Fernández, El Canelo

A partir de ese momento Daniela, “La Dany” se transformó en una necesaria lideresa que, con su imponente vozarrón, guió, organizó e inspiró a los cientos de voluntarios que en oleadas muchas veces caóticas, llegaban a colaborar en el combate de las llamas que amenazaban casas, bosques y fauna nativa.

Hoy en día su afán se divide en la organización, junto a varios de sus vecinos y vecinas de la primera brigada civil de protección de la naturaleza y combate a los incendios forestales de El Canelo: “Los Chiquillanes”, en directa alusión de los antiguos habitantes del Cajón del Maipo. Siguen los pasos de “Los Guardianes del Peumo”, brigada forestal de voluntarios surgida a raíz de los incendios en su comunidad.

Pero no son las únicas. En la localidad de El Manzano, la junta de vecinos se encuentra organizando también su propia brigada forestal de voluntarios tomando en cuenta las graves amenazas que se extienden sobre el Cajón del Maipo y todo el territorio nacional: la falta de agua y las elevadas temperaturas producto de una mega sequía que no ha dado tregua el 10 años como consecuencia del cambo climático. Un escenario desalentador ante el cual la comunidad está dando muestras de organización al margen de las estructuras formales e institucionales de combate a los incendios forestales.

¿Cómo empezó la organización para hacer frente a la tragedia ecológica que se estaba desatando?

Necesitábamos organizarnos. Acá las distancias son grandes y teníamos que adquirir radios para poder comunicarnos. En Sureste nos prestaron algunas. Abrimos una cuenta para poder reunir recursos. Yo soy escaladora, tengo conocimientos en rescate en altura, además había otra persona guía de alta montaña, otra era bombera, otra sabía de primeros auxilios. Nos dimos cuenta de que teníamos que juntarnos. Cuando empezó el incendio nos reunimos de inmediato los amigos y nos dedicamos a la acción.

¿Una vez que se inicia el incendio se organizaron como brigada?

Fue algo del momento, incluso hubo muchos errores. Como no teníamos comunicación no sabíamos lo que estaban haciendo los demás, eso fue muy difícil los primeros dos o tres días. Se nos descargaba el teléfono y quedábamos desconectados. Empezamos a organizarnos, primero con un equipo que llamamos “la primera línea”, que atacaba el fuego directamente. De la experiencia con otros incendios acá en el Cajón del Maipo ya sabemos cómo atacar el fuego. Más atrás estaban los que hacían el corta fuegos. Como esto duró una semana entera alcanzamos a hacer un cortafuego hasta la cumbre que da hacia Aguas Andinas. Ese día nos juntamos en el lugar que llamamos El Pino a decidir qué hacer.

Hay personas que dicen que ese día fuiste una inspiración para mucha gente. ¿Lo crees así?

No lo sé. Pero toda esta fuerza me nació desde el útero, no iba a dejar que el fuego entrara ni a mi casa ni a mi bosque. Cuando nos llamaron a evacuar (el martes 17 de diciembre las autoridades llaman a evacuar el sector debido a lo incontrolable de las llamas) obviamente sentí miedo. Nos expusimos mucho, yo soy mamá y tengo mi pega. Pero aún así nuestro pensamiento era que el fuego no nos iba a ganar. No iba a dejar que destruyera la casa que hemos construido con mi pareja, los juegos de mi hija. No, eso no iba a ocurrir. No lo íbamos a permitir. Mientras evacuaban, nosotros íbamos hacia arriba. A los vecinos les decía: ¿van a dejar que sus casas se quemen? Hagamos algo. Así fue que convencimos a algunos a regresar.

Y ahora que terminó el incendio ¿qué viene?

Nos vamos a juntar a decidir. Decantar todo, retomar nuestras vidas, las pegas. Pero tenemos que analizar nuestra experiencia y creo que todos estamos pasando un luto. A pesar de que somos diferentes, todos tenemos una conexión importante con la tierra. Pese a que nos vinimos a un lugar de soledad nos estamos reconociendo y organizando, porque nos damos cuenta de que esta es una isla que debemos cuidar.

¿Qué enseñanzas trajo el incendio?

Que hay que organizarse y ser responsables al decidir vivir en un lugar como este ya que tenemos la misión de preservarlo. Además, que tenemos que actuar de manera independiente de cualquier organización, de Conaf, de Bomberos. Nos dimos cuenta de lo power que somos. Hace 15 años tenemos un proyecto que entubará el agua justo bajo nosotros (Alto Maipo). El Cajón del Maipo está seco, si vamos a Palestras o Torrecillas en El Manzano igual se ve frondoso, pero los árboles se están secando. Tiene que haber un despertar de todos los cajoninos para defender este territorio. Hay que organizarse, tener una estructura, adquirir equipos, seguros. En eso estamos.

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